2015-05-19

Es el principio de todo, princesa


Yo siempre soy tan oportuna, que elijo el momento menos indicado para decir cosas importantes. En especial, un 14 de noviembre. Ese día, para Candela es un día muy triste. Y yo no tuve mejor idea que decirle y a la vez no, que me pasaban cosas con ella (la foto adjuntada es una conversación desde su celular). Ese fue el principio del huracán. Por supuesto que, como siempre, "no sabia qué decirme". Siempre igual. Siempre sin palabras, y yo tan mandada e impulsiva. Al otro día, era su cumpleaños. No tuve mejor idea que saludarla diciéndole muchísimas cosas, dejando mi dignidad tirada por el piso por primera vez. 
Pasaban los días y ella me decía una y otra vez que me quería como amiga, que lo nuestro no podía ser, que ella no servía para las relaciones. Tuve desde el principio, las pautas de que eso no iba a funcionar. Pero no, soy tan obstinada que no me conformé. Me puse la estúpida meta de conquistarla, de hacer que se enamore de mi. Me acabo de dar cuenta que yo estuve enceguecida desde el principio de todo esto. Tenía los "no" tan claros, y sin embargo, no los veía. 
Es muy confuso o difícil no arrepentirse de todo esto, cuando se conoce el fin de la historia. Es doloroso ver cómo tenía la oportunidad de no meterme, de no encerrarme, de no lastimarme a mi misma.

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