Hola, 14 de Junio. No te extrañé, ¿por qué llegaste?
Sinceramente no se cómo empezar a describir este día. Quería escribir el 14 de Junio, un año después de este día que voy a contar. Pero lo vengo posponiendo porque no me animo, porque me da miedo mi reacción, o porque simplemente no quiero recordar.
Muchas cosas de este día no estan en mi mente, simplemente se borraron después de que pasaron. Dicen los que saben de Psicología que eso es un mecanismo de defensa. Yo no lo sé, pero supongo que es bueno. La mayoría de lo que sé es porque me lo contó Ailén, sino no sé qué recordaría.
Llegó el 14. Yo le pedí a mamá que me dejara ir a ver a Candela porque ella estaba mal, y accedió con la condición de que hasta Capital vaya con alguien, y ahí me encuentre con Leli. Le mentí. Le dije que iba con Camila, una amiga. Estaba tan desquiciada por verla, que si tenía que mentir sobre una muerte o lo que sea para verla, era capaz de hacerlo.
Llegué hasta Capital en el 129, y decidí esperarla a Leli en la misma esquina que la vi a Candela ese 6 de Marzo. Fumaba cigarrillos y mascaba chicles. Un cigarrillo tras otro, no paraba. Llegó tarde. Yo me sentía tranquila, pero dentro mío había un tsunami de emociones desencontradas. Ay, Ciudad del desencuentro, sos tan hermosa.
Buscábamos la terminal de combis para irnos hasta Monte Grande. ¡Estaba cometiendo una locura! Nos equivocamos de empresa, pero llegamos a destino. Caminamos dos cuadras hasta una plaza que era parte de una rotonda. Apenas me bajé de la combi, prendí un pucho. Esperábamos a que llegara. Llegó. La abracé, la abracé tan distinto a cuando comenzó a ser mi novia. Sentía que era un abrazo fuerte, de esos que se necesitan. Pero, luego me di cuenta que no. Que no la había abrazado con todas mis fuerzas, bah, capaz no tenía (tengo) muchas fuerzas.
Caminamos hasta una plaza chiquita, buscamos un árbol y nos sentamos. Hacía mucho frío esa tarde. Ailén y Candela hablaban bastante, y yo no emitía mucho comentario. Me la pasaba mirando la tierra, el pasto, y cualquier otra cosa que no sea ellas. Me sentía totalmente de más. Ya me odiaba por haberme metido y haber ido.
En un momento, me acosté encima de mi ex y miraba Twitter desde el celular. Quiso agarrarme el celular, y no la dejé. Me dio miedo que se diera cuenta de que sabía su cuenta.
Recuerdo que me moría de frío. Temblaba, no sé si por miedo, por nervios, o por qué. "Tengo mucho frío", dije. Candela me abrazó un largo rato. Le decía algo a Leli que no podía llegar a escuchar, y no me dejaba despegarme de ese abrazo. Un tiempo más tarde, me enteré de que le decía "qué hago?".
Al separarnos de ese abrazo, me dio un beso. No lo esperaba, simplemente no lo esperaba. Yo no fui con intenciones de volver, simplemente quería verla. Verla o cerrar una relación de buena manera. No estaba segura. En ningún momento se me había cruzado que podía llegar a besarme.
Leli miraba todo como no entendiendo muy bien qué pasaba, y decidió alejarse un poco.
Comenzamos a hablar no sé qué cosas. No puedo recordar esa conversación hasta el día de hoy. Sólo recuerdo que me dijo que no podía volver conmigo, que no podía perdonarme que la haya puteado (JA, y yo cuántas cosas tendría que dejar de perdonarte?). Sólo recuerdo una frase "ya sé que suena como esa frase quemada 'no sos vos, soy yo', pero es así." Le pregunté si ya no me quería, y me respondió que ya no era como antes. No podía mirarla a los ojos. No podía creer lo que me estaba diciendo. Me estaba diciendo que no quería volver, que no me quería como antes, ¡pero me daba un beso! ¿En qué cabeza cuerda entra? Estaba indignada, asombrada, destruida no sé cómo definirlo.
No me molestó que se haya negado a volver, ni siquiera que me confesara que ya nada era como antes. Pero si me molesto que me haya besado. No podes ser tan mierda. No podes ilusionar así. No. No podía parar de llorar. Me pedía que la mirara a los ojos, y no podía. Simplemente no podía sostenerle la mirada a una persona así. Me había hecho mierda. Todo lo poco que había adentro mío, se había destrozado. Me sentía una nena chiquita entre personas y lugares enormes. Me sentía una nena perdida que no encontraba nada conocido.
Ailén vino hacía mi, y Candela se alejó. Me abrazo tan fuerte, como intentando recoger y unir lo que ya estaba roto y sin solución. Estaba perdida, tenía la mirada perdida.
Nos teníamos que ir, y no podía levantarme. Simplemente no podía. Sabía que si me levantaba, iba a caerme, o desmayarme. Me levanté como pude, tropezando sobre mi misma. Me temblaban las piernas, sentía que me caía. Ailén me agarró. Es inexplicable todo lo que le debo a esta chica.
Comenzamos a caminar hasta esa rotonda. Yo caminaba en silencio, perdida. Cruzaba las calles sin mirar, rogando que un auto no se detuviera y me pisara. Caminaba por las veredas pateando hojas secas, caminaba queriendo tirarme al piso a llorar. Caminaba queriendo estar muerta. Bah, ya me sentía muerta, pero faltaba mi cuerpo.
Llegamos, y no sabía si abrazarla, evitarla, o decirle algo que le quede doliendo para siempre. Decidí abrazarla y le dije "no me olvides nunca". Era mi despedida. En ese mismo instante comencé a planear mi suicidio. Nos había ido a buscar el papá de Ailén, que me iba a dejar en Capital. Todo el viaje fue en silencio. Sólo le escribía mensajes a Leli diciéndole lo mal que me sentía. Llegábamos a la avenida 9 de Julio. En la radio sonaba 9 de julio. "Por la nueve de julio voy con el miedo de no verte nunca más". El mundo estaba en mi contra. Mi cara fue la demostración de lo mucho que estaba odiando.
Me bajé. Temblorosa crucé la calle. Antes de cruzar, me planteé mas de cien veces si tirarme abajo de un auto y que todo terminara ahí, ese día. Pero no, no lo hice. Fui (y soy) una cobarde.
Llegué a La Plata destrozada. Me la pasé todo el viaje en el micro lloriqueando, y rogando tener un accidente. Entre a mi casa, hablé unas pocas palabras con mis papás, y me encerré en mi pieza. Me hice mierda. No con cortes, sino con pensamientos. Jamás tuve pensamientos más auto-destructivos que los de ese día.


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