2015-06-06

Ciudad del (des)encuentro (II)


''El amor existe en Palermo''

Luego de unos días, accedió a vernos el 6 de Marzo. Decidimos que íbamos a encontrarnos en el Mc Donalds del Obelisco, e ir juntas hasta el Planetario que está en Palermo. Estaba todo listo, sólo debía inventar una excusa para irme de casa.
Días antes al encuentro pactado, yo me sentía tan enamorada, tan feliz, tan completa. Nos tweetteábamos cosas tan lindas, tan seductoras. Me atrapaba tanto todo lo que escribía, lo que me decía cada noche al oído mediante un celular. Cambiaba de tal forma su voz, que la comparaba con un eterno susurro del que parecía nunca cansarme.
Quedamos que a las 11 am teníamos que encontrarnos.
Mi mejor amiga, Pilar, me ayudó y dije que me quedaba a dormir en su casa. Por lo tanto, el 5 a la tarde, fui hasta su casa. Ella estaba tan al tanto de todo, que sabía lo nerviosa que iba a estar.
La noche anterior al encuentro, no logré dormir más de dos horas. Me levanté a las 8 am. Pilar me planchó el pelo, me maquillé y a las 9:30 am, me fui de su casa.
Me moría de nervios, llegué a eso de las 10 a la terminal de ómnibus. Temblaba mucho. No sé si porque iba a verla, porque estaba mintiéndole a mis viejos yéndome por primera vez a Capital sola, o por ambas razones.
Me tomé el micro 129 Plaza, que me dejaba directamente en el Obelisco. Me senté junto a un hombre que, en mi opinión, parecía poco confiable. En el viaje, me percaté que me faltaba la SUBE. Tenga o no razón, terminé culpando en mi mente al señor. Ya las cosas estaban saliendo mal, o ese era mi miedo. No me importó, ya que tenía la tarjeta de mi mamá.
Apenas vi el Obelisco, me bajé. Tarada. Me bajé como tres paradas antes, me ganó la ansiedad. La llamé mientras caminaba con mucha prisa:
- Hola.
- Hola mi amor, ya me bajé del Plaza ¿dónde estás?
- Viajando todavía. Me faltan como 20 minutos.
- Bueno, estoy nerviosa.
- Calmate jajaja.
- Intento jajaja *risa nerviosa*
- Te dejo, ¿si? En un rato nos vemos, bombón.
EN UN RATO IBA A VERLA.
Ambas sabíamos que ese día íbamos a terminar juntas.
Llegué al Mc Donalds, prendí un cigarrillo. El primero. Miraba todo lo que me rodeaba. La buscaba entre la gente. Una vez más, en la ciudad del desencuentro. No llegaba. Más nervios, más dolor de estómago, más cigarrillos.
Llegó. Tenía puesta una campera de cuero que (sabía que) me encantaba. Me saludó con un abrazo, y le dije: ''Hola, mi amor''. A lo que me respondió: ''Hola, bombón''. Nos saludamos tal como lo habíamos imaginado ambas.
Tomamos un taxi hasta el Planetario. Ella sentada a la izquierda, yo a la derecha. Se apoyó en mí. Me paralicé. ''Ayuda'', pensaba. No sabía qué hacer. Si abrazarla o qué hacer. Tráiganme un Premio Nobel, me sentía la pelotuda del año.
Llegamos, caminamos un poco y terminamos cerca de los bosques de Palermo. Estábamos paradas, me acerqué con intenciones de besarla, se alejó. Segunda nominación al Premio ''Pelotuda del año''
Elegimos un árbol y nos sentamos. Era un día hermoso, cálido pero con un poco de viento. Hablábamos de las cosas de cada una, hasta que me dice: ''- ¿Me das un beso?''. Yo miraba hacia otro lado, y cuando giro para mirarla, le traté de decir ''- Mm, no s...'' No terminé la frase. Me besó. Fuerte, intenso, pero tan tímidamente como son los primeros besos entre dos personas que se están conociendo.
Entre besos y abrazos pasaba el tiempo. Pasaba muy rápido, quizás más rápido de lo que debería. Cuando me percaté de que ya eran las 4 pm y que debía irme, no quería. Antes de irnos, los besos eran largos y tan lindos que no pude explicarlos nunca.
- Te amo. - Le dije.
- Yo más. - Me dijo.
- No, yo más.
- A ver, probalo. - Sonrió maliciosamente.
La besé como si todo lo que nos rodeaba no existiera, como si sólo existiera ese beso.
Nos fuimos. Llegamos a la parada del 129, y le pedí que viniera a casa, que no quería irme sin ella. No logré convencerla, como siempre. Esperó que viniera mi bondi, y se fue.
Llegué a casa con una sonrisa de oreja a oreja, y le conté todo a mis amigas. Era tan feliz. No podía dejar de sentir sus besos.
Creo que ese día es uno de los pocos en los que estoy agradecida de que haya aparecido en mi vida.

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