2015-06-11

"Que placer verte otra vez" nos decimos sin hablar (II)


No sé muy bien cómo arrancar esta vez. Cada día se me dificulta más escribir, en especial esta parte. Quiero y necesito terminar de una vez por todas. 
Pasaba Marzo muy tranquilamente. Estaba enamoradisima, y las cosas entre nosotras parecían ir muy bien. 
Decidimos volver a vernos el 28 de Marzo, pero esta vez yo iba a ser local. ¡IBA A VENIR A MI CASA! ¡IBA A CONOCER A MIS PAPÁS! No podía creer todo eso. Me moría de ansiedad. Era ese mismo viernes 28, y yo todavía no tenía un "si, voy" cien por ciento seguro. Ella le iba a mentir a los papás, e iba a venir a La Plata. Una locura total. 
A eso de las 12 del mediodía me aviso que si, que venía. Nervios por doquier. Fui a buscarla a eso de las 2 de la tarde a La Terminal. La ví bajar del micro. Tan hermosa y natural como yo la veía siempre. Me saludó, y yo temblaba. Fuimos en un taxi a mi casa, taxi en el cual me dio la mano. Chau, me derretía. 
Llegamos. Bajó ella, luego yo. Nos abrió mi mamá, se la presenté "ella es Candela, la chica de Monte Grande que te conté la otra vez". Se la presenté a mi papá y la conversación fue mas o menos la misma. 
Fuimos hasta mi cuarto, cerré la puerta y lo primero que hice fue darle un beso. Fuerte, rápido, pero de esos tipos de besos que dicen "te extrañé tanto". Me hacía tan feliz tenerla en mi casa, para mi sola. Pasamos la tarde entre besos, abrazos y miradas que decían mucho más de lo que se había dicho. Miradas que desbordaban deseo. Deseo de sentir, deseo de concretar. 
Llegó la noche, y los besos eran cada vez más largos y más intensos. Ambas sabíamos lo que iba a pasar. Sexo. O como lo llamé en su momento "íbamos a hacer el amor".
A veces es muy difícil escribir sutilmente de un tema como este, y dudo poder hacerlo. Sólo puedo decir que ambas eramos vírgenes, ambas nos moríamos de nervios, pero ambas nos moríamos de ganas. Nos dejamos llevar por los sentimientos, por la noche que parecía querer unirnos. No puedo quejarme, nunca podría. Fue mucho más de lo que yo imaginaba que se sentía. Era algo tan adictivo, que no podía describirlo en palabras. Moría porque su piel me rozara cada minuto de mi vida. Sonó durante toda la noche música de un celular. Sonó "Mis noches de Enero", "You", entre otras canciones que eran nuestras. Era perfecto, era realmente perfecto. Nos dormimos tarde, muy tarde. Ella se acostó en mi pecho, y así nos dormimos. Así me desperté, y así la desperté. No cabía ni un momento de tristeza. Nada de los tormentos que habíamos vivido podían intervenir en esa noche.
Almorzó en mi casa, estuvimos besándonos hasta mas o menos las tres de la tarde, y la acompañé hasta la terminal. Se iba. No quería, me negaba. "Quiero que te quedes", decía cada tanto. Tengo el recuerdo de que me invadía mucha tristeza. Hicimos una fila esperando el micro, y me la pasé aguantando las ganas de llorar. "Quedate acá, no quiero estar sola" decía en mis adentros. No, no podía quedarse. Tenía que dejar que se fuera. 
La veía mientras el micro se iba. No aguanté más. Comenzaron a caer lágrimas de mis ojos que no podía parar. ¿Me preguntan por qué? Hasta el día de hoy estoy intentando entender qué fue lo que me paso. A veces, creo dentro mío, que pensaba que no iba a verla más. 

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