2015-06-13

Mendigando a toda hora ''dame un poco más de amor''


El 28 de Marzo a la noche, una de las conversaciones que tuvimos con Candela fue que ella tenía más de una cuenta en Twitter. Tenía una en la que estaban todos su amigos y familiares, otra en la que tenía otra identidad, y una última que sólo podía leer ella y escribir todo lo que ella pensaba. Yo sólo conocía las dos primeras, aunque me moría de ganas de conocer la tercera.
Desde ese momento quería encontrar la forma de saber esa cuenta, a tal punto de preguntarle qué escribía ahí. Me mandó una captura de pantalla en la que había varios de sus tweets pero no se percató de que en esos tweets estaba su nombre de usuario: _sickmind_. La tenía, en verdad la tenía. Anteriormente, yo sabía la contraseña de sus otras dos cuentas, por lo tanto, saqué como deducción la tercera. Entré, casi tan nerviosa como si robara un banco.
Se abrió un nuevo mundo, en realidad su mundo. Un mundo que no conocía y el cual parecía muy oscuro. Es el día de hoy que, a veces, me maldigo por haber entrado o que me agradezco por saber todo.
Había de todo, tweets buenos, tweets malos, pero cada uno de esos tweets confesaban verdades. Confesiones de mentiras que yo nunca debería haber sabido. Confesiones como: ''No aguanto más a *mi nombre*'', ''No puedo querer a *mi nombre*'', entre otros... No puedo negar que había muchos en los que sentía que verdaderamente me quería pero era más lo malo que lo bueno en aquel momento, mi cabeza era una bola de confusiones.
En el mismo momento en el que miraba la cuenta, hablaba con ella. Le pregunté muy directamente: ''Cande, ¿me amas?'' Se indignó como si le hubiera preguntado una barbaridad, me dijo que no podía creer que le preguntara eso después de semejante noche. Se enojó y me acusó de desconfiar de ella, pero no, no podía decirle lo que sabía. No podía arriesgar a que me dejara, no después de todo lo logrado.
Me llamó. Yo lloraba, mucho. Quería cortarme, no importaba si ella estaba al teléfono, si no lo estaba o si simplemente no existía. Sentía, una vez más, lo mismo que el 20 de febrero: No le importaba nada. Agarré el filo del sacapuntas y lo miraba fijamente en mi mano. Ella estaba al teléfono y yo, sin poder responderle con un nudo en la garganta, me preguntaba qué hacía. Finalmente, logré responderle que nada y le volví a preguntar si me amaba. Me respondió que si, que no dudara de eso. Estaba mintiéndome, en el teléfono, pero sentía que era en la cara. Ahí comenzó mi bronca.
Simplemente fingí creerle pero sabía que estaba mintiéndome a mí misma.
Comenzó Abril y, entre días así, llegó el 6: Cumplíamos un mes. Le mandé, en medio de un recital: ''Feliz mes, te amo. Somos eternas.'' En ese momento me contestó frío y distante, pero igualmente me dijo feliz mes.
Durante todo Abril se mostró igual de distante y fría, yo seguía leyéndola y día a día demostraba quererme un poco menos, o, en realidad, que le importaba un poco menos.
El 16 de Abril tweeteó: ''Quiero cortar con *mi nombre*. No la soporto más.''. Me rompí, simplemente me rompí. Todo lo que quería evitar que pasara, estaba pasando. En esos días, Candela no quería que le hable, pero yo le hablé igual. Le dije que la notaba distante, que sentía que algo no estaba bien, que tenía miedo de que esto se termine. Me confesó que tenía ganas de dejarme, le pedía que no lo hiciera, al igual que febrero. Siempre rogándole, siempre atrás. Me dijo que no lo sabía, que estaba confundida y que no sabía qué hacer. Que se sentía mal con ella misma y, a la vez, conmigo. Mentira. No paraba de mentirme ni una sola vez. Estuvimos 10 días más.
El 27 de Abril me dejó. La muy hija de mil puta me dejó.
Explotaba de bronca, pero a la vez, no quería que me deje. Siempre tan ambigua. A veces parece que me encanta eso de andar mendigando amor.
Le seguía escribiendo, diciéndole que la quería, que quería volver, que no podía ser así. Prácticamente me arrastraba. Que pelotuda, no hacía más que alimentar su ego. Tweeteó algo así como: ''*Mi nombre* no me deja en paz y eso que ya la dejé. No sé qué más hacer''. Lloré. Lloré muchísimo. Pero no iba a dejar que las cosas quedaran así. Le escribí: ''Te podes ir bien a la concha de tu madre'' No entendía nada. Obvio, siguió tweeteando sobre mí y sobre esa conversación. Simplemente no me importaba.
Los días siguientes no le hablé, sino que no hice más que tweetear cosas que le dolían tanto como a mí lo que leía, con la diferencia de que yo iba de frente:
''Cuando me faltes este mayo''
''Porque podría decirte mil cosas pero conozco tus respuestas''
''¿Cuándo te vas a dar cuenta, *mi nombre*?''
''En realidad, ya me di cuenta, pero me niego a aceptarlo''
La odiaba, o eso sentía. Sentía que tenía que odiarla para sacarla de mi vida.

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